Enviado por Clemente Locca


Cuando pedí a SER que me hiciera el favor de dedicarme un pensamiento en su libro. "Biografía de una experiencia", entre otras Palabras, escribió las siguientes:
"La filosofía quedó en un aula a la que no pude entrar. Me fui a otra adonde sólo encontré un corazón que palpitaba con amor grande. Ahí me puse a escribir esto y..."

El relato del protagonista de "Biografía" es una historia que puede suscitar distintas emociones, así como el mismo SER aclara: "esta historia puede tomarse como cuento, como fantasía, como sueño o simplemente como el relato de un loco".
Ciertamente para quienes tuvimos la oportunidad de compartir algunas experiencias con EL o para quienes, sin haberlo conocido, han escuchado de su propuesta de Verdad, la historia parece tan real o tan ensoñadora como si todo el relato fuese impregnado de palabras líricas que te pueden llevar a vestir las hábitos del Mago y asomarte a un cielo que se vuelve real cuando te dejas conducir a aquella aula donde palpita un corazón de Amor. Porque, la historia de "Biografía" es la fábula que todos podemos vivir cuando asumimos la grata experiencia de ser en este mundo quien pueda dejar una huella bien marcada en el polvo del infinito.
Hay palabras, frases, conceptos que resumen una Verdad clara, y otros que se descubren cuando se busca lo mencionado y no escrito que sin embargo está presente en una forma sutil y que representa, tal vez, la verdadera Enseñanza, porque es la que cada conciencia y cada alma descubre.
En una parte del libro, se nos comenta: "Otro de los temas que han ocupado mi mente es la de los extraterrestres... casi todos hablan de que "ellos" son los que nos salvarán en el momento de la catástrofe, y como me siento el único héroe, los rechazo, sólo porque no acepto rivales".
¡Qué contradicción! La historia de "Biografía" expone de encuentros con Seres que bien podrían definirse extraterrestres, y de antemano SER nos precisa que no cree en ellos. ¿Porqué?
¡Qué maravilloso ese concepto de "no acepto rivales"! porque en él está concentrado el compromiso que nos correspondería asumir como seres que vivimos sobre este Planeta que llamamos Tierra. Ahora estamos aquí, somos terrestres: antes tal vez fuimos solamente un pensamiento que viajó a través del espacio, desde una Conciencia o de una Mente que concibió, en un sublime acto de puro Amor, la conciencia que representa la esencia de todo ser. Mañana, despojados de la forma física, transformados nuevamente en la sutileza de la energía, tal vez reanudaremos el viaje a través del tiempo y podríamos contemplar la Tierra en o desde otras tierras, desde una Inteligencia que, no anclada a la energía física, espaciará fuera (extra) de la Tierra. Todo se transforma, nada se destruye: este es un concepto ampliamente aceptado y repetido en estos tiempos.
Ahora, nuestro ahora, nos ubica en este tiempo y en este espacio, somos terrestres. La Verdad de SER nos conscientiza en la responsabilidad de aceptar lo que a cada quien nos corresponda dentro de la estructura de la Vida de la cual una pequeña porción es representada por el hombre y su tierra. Es el mandato divino: "Sea hecho el hombre y domine sobre los peces de los mares y los pájaros del cielo..." Dominar, contemplar, elevarse por encima de las inteligencias de los reinos inferiores porque la inteligencia del hombre, por medio de la mente, establece la diferenciación con las demás formas de vida terrestre. Pero, claro, el dominio no es del patrón que tiene derecho de vida y muerte sobre sus súbditos, o de destrucción, sino el deber de utilizar esta inteligencia, que lo hace único e irrepetible, ser maravilloso cuando su conciencia se despierta en la contemplación del punto preciso que ocupa en la estructura de la vida, como un átomo conciente dentro de la Creación. Esta abertura de conciencia hace que cada ser pueda utilizar los recursos esenciales (de esencia) propios del ser humano que no requiere de lo externo porque todo lo encuentra en lo interior. Así que cuando el ser humano descubre y hace suya la conciencia de la Vida, entonces no necesita de extraterrestres, porque no tiene rivales. En el Mensaje leemos: "Tu eres la Cruz, eres el Camino". Lo eres todo, nos enseña el Maestro. Miramos al cielo para descubrir señales y movimientos que tal vez nos den la seguridad de no estar solos en el Universo, escuchamos y esperamos señales que nos indiquen que las fuerzas de la Luz llegan a socorrer esta humanidad que todavía llora y sufre por sus limitaciones y nos olvidamos mirar el cielo interior para descubrir en él los signos de nuestro destino. Nos sentimos solos en un mundo incomprensible y esperamos que alguien nos venga a decir "quienes somos"; y nuestros oídos permanecen cerrados y en nuestra soledad insistimos sordos a los llamados del Amor. Cada ser humano es el único salvador en su propio mundo: este es el gran mensaje de SER. Y cuando descubramos esta Verdad y la hagamos nuestra, entenderemos que Dios, la Vida, las fuerzas de Inteligencia de otras conciencias, siempre han estado con y en el ser. Y comprenderemos que las Palabras de Jesús fueron marcadas en letras indelebles, marcadas en la Tierra y forjadas en el Cielo. El héroe es cada uno de nosotros: es el héroe silencioso que no requiere de estatuas para su reconocimiento ni de realizar obras para que los demás hombres piensen en su grandeza. El verdadero héroe es aquel que todos los días da lo mejor de sí: y al dar lo mejor de sí, no puede aceptar rivales. Y los mejor de sí solamente puede nacer desde la conciencia comprometida con el Amor. Si al levantarnos por la mañana, pensásemos y nos programáramos para ser héroes, entonces, como el héroe normalmente es sinónimo de altruismo, no dudaríamos en realizar cada obra con la conciencia de poder cambiar el mundo. La salvación del hombre está en el hombre mismo: la vida humana no mejorará nunca por los cambios en el mundo físico, ni en las mejores leyes humanas, ni en las ideales condiciones de repartición de riqueza, ni en el aniquilamiento de las armas, ni en el cese del terrorismo. Todo esto es consecuencia lógica en el hombre héroe y se dará solamente cuando sepamos descubrir en nosotros los valores universales que son del alma y no del cuerpo. Valores no ligados a una fe ni a una creencia, sino valores aflorados en la contemplación y comprensión de nuestra verdadera realidad divina. La Paz no la puede crear el hombre de la tierra, la Paz está en el hombre del Cielo.