Hace unos días estuve platicando con una persona muy querida y le pedí por favor que fuese ella sola a visitar a alguien con quien yo sabía que había tenido un serio distanciamiento, y que sin habérselo preguntado, casi estaba seguro que también le tenía un resentimiento. Le pedí que platicase con ella durante una hora cuando menos, a lo que contestó de inmediato que no lo haría. En seguida se acercó a mí, me vió directo a los ojos y repitió: "No lo voy a hacer". Por mi parte yo tuve un pensamiento de crítica hacia esta persona por no ser tan perfecta como yo esperaba que fuese.

La huella de este suceso en mis emociones fué suficiente para ubicarse como tema de reflexión previo al cerrar de los ojos para dormir durante las noches siguientes. No diría que me ha quitado el sueño, pero sí que ha sido como algo que tengo pendiente por entender. Se dice que venimos a este plantea-universidad para aprender a través de las emociones, y cuando lo he escuchado y razonado he dicho que ya lo entendí. Pero como en todas la universidades, del dicho al hecho... hay mucho trecho, especialmente cuando el objeto de la teoría, el "conejillo de indias", somos nosotros mismos.

En el correr de estas reflexiones me pregunté si yo mismo tengo a alguien con quien no quisiera estar cerca, con quien por ejemplo, me sería muy incómodo quedar atrapado en un elevador. Durante esa reflexión no encontré a nadie, pero como ya sé que el miedo es canijo y no deja "ver" las cosas como son, mejor opté por pedir a mí Ser Interno que me ayudase a encontrar si acaso hubiese alguien con quien me hubiese distanciado seriamente.

Y como son las cosas... que en pocos días vino a mi recuerdo una persona (que en su trabajo atiende al público) a quien hace unos meses hablé agresivamente solo por haber contestado algo muy diferente de lo que yo quería que me contestara. Le critiqué y me quedé con el resentimiento de no haber recibido de su parte el trato que yo hubiera querido. Y ahora... comprendo que fué un error el haber actuado agresivo y haber procurado causarle una molestia emocional. Reconozco que cometí un error y que agredí a la armonía, al Amor. Me pregunto ahora: ¿cómo restableceré el equilibrio? ¿Le mandaré un carta?, ¿le mandaré un regalo?, ¿le mandaré flores? o ¿tal vez unos chocolates en una envoltura navideña? Porque lo bueno es que en esta ciudad hay muy pocos elevadores y va a ser muy improbable que nos quedemos atrapados en un elevador.

...¿Qué, qué? ¿Qué yo vaya a platicar con ella durante una hora cuando menos? (Nota para el lector: en este punto imagínese que estoy con la cara entre las manos y con una mueca de dolor) ¡Que vergüenza! ¡Qué terrible vergüenza! ¡Dios mío, líbrame de esta vergüenza insoportable! ¡No sé cómo se me ocurrió pensar en eso!

Pero... otra "voz" en mi conciencia me dice que eso no se va a poder... Que nadie va a venir a librarme de la vergüenza. Valiente guerrerito resulté. Me acorralé yo mismo. Ahora yo mismo tengo que resolver esta situación.

De acuerdo, ya me metí en este lío pero puedo hacer pausa en el proceso para asimilar lo sucedido, y para ver que acciones voy a tomar. En primer lugar ya entendí que no me queda otra opción que la de ir a platicar durante una hora con la persona a quien agredí. También entendí que una parte difícil de este proceso es el romper los egos o vergüenzas, pués es lo que me provocaría una gran incomodidad al estar cerca de esa persona.

Y qué tal si hago todo mentalmente. Qué tal si, utilizando la imaginación creativa, creo el escenario apropiado y platico con ella en ese escenario mental, por ejemplo en un atardecer en la playa, e incluso le pido que me perdone y le regalo flores. ¡Qué buena idea!

Pero... la otra "voz" en mi conciencia me dice que este guerrerito se evade con mucha facilidad y que no quiere enfrentar la realidad. La realidad de destruir la importancia personal y la vergüenza y dar la cara y decirle que reconozco que le agredí, que fué un error, y que ahora quisiera compensar la molestia causada. Y que sin embargo, reconozco su libertad incluso de no perdonarme. Aunque me encantaría que me perdonara.

Bueno, parece que le vamos ganando terreno al problema. Entonces primero vamos a destruir la vergüenza. Y... ¿cómo vamos a hacer eso? ¡Qué pregunta! ...Pués no lo sé !!!

Vamos a ver; Me ubico mentalmente en la situación de ir a encontrar a la persona y me pregunto: ¿a qué le tengo miedo? A que me rechace y me trate como yo la traté, a que me trate con la agresividad y la dureza con que yo la traté. Porque yo sé bien que tan duro fuí con ella. Y ahora temo recibir el mismo trato.

¡Que interesante! Acabo de descubrir la raiz del obstáculo: los miedos. Pero estos sé como sacarlos y es lo que ahora voy a hacer. Por el momento no haré planes para después. Es mi responsabilidad liberarme de los miedos que me impiden acercarme a la persona.


"Cuando pidas a Dios que te trate como tú has tratado a los demás, entonces estarás avanzando" SER